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La Guerra de la Oreja de Jenkins y la humillación de Blas de Lezo a los hijos de la Gran Bretaña

Blas de Lezo y la batalla de Caratgena
Blas de Lezo y la batalla de Caratgena
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Jesús Ángel Rojo

Jesús Ángel Rojo Pinilla , miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, conferenciante, politólogo y experto en Comunicación e Imagen, cuenta con una amplia trayectoria en el mundo empresarial y periodístico. Autor del best seller Cuando éramos invencibles, además de los libros los Invencibles de América, Grandes Traidores a España y Cuando éramos invencibles 2.

Una guerra ocultada por Inglaterra

La Guerra de la oreja de Jenkins fue un conflicto entre España y Gran Bretaña cuyos motivos fueron estrictamente económicos y comerciales. También fue llamada Guerra del «Asiento», o permiso para comerciar. Gran Bretaña, la mayor potencia marítima del siglo XVIII, decidió imponerse por la fuerza y alcanzar una hegemonía absoluta en América contra un enemigo al que se consideraba inferior e incapaz de resistir a un ataque de cierta envergadura. En ella se jugó el futuro de la América española, sufriendo la invasión de Portobello y los intentos de La Habana y de Cartagena de Indias. En esta ciudad portuaria un almirante guipuzcoano, Blas de Lezo, derrotó a la mayor flota inglesa de toda la historia al mando de Edward Vernon.

La excusa oficial de los ingleses para declarar la guerra a España

 
En las costas de Florida actuaba un pirata llamado Robert Jenkins, que fue interceptado en 1738 por un guardacostas español, a las órdenes del capitán Juan de León Fandiño. El capitán permitió seguir con vida al pirata y le amputó una oreja; y con la oreja del pirata en la mano, le dijo: «Ve y dile a tu rey que haré lo mismo si se atreve a hacer lo mismo».
Jenkins compareció en la Cámara de los Comunes del Parlamento británico con la intención de oponerse al primer ministro Robert Walpole y denunció el caso con su oreja en la mano. Como consecuencia de esta maniobra política, Walpole consideró que se trataba de una ofensa hacia el Imperio británico y se vio obligado a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739.

Una oreja la culpable

Los ingleses encontraron en una oreja arrancada la excusa oficial para declararle la guerra a España, pero tan solo era la excusa oficial para ocupar las posesiones españolas en América y controlar el tráfico marítimo y comercial de los mares atlánticos.

Los espias españoles

Durante la contienda, dada la enorme superioridad numérica y de medios que utilizó Gran Bretaña contra España, resultó decisiva la extraordinaria eficacia de los servicios de inteligencia españoles, que consiguieron infiltrar agentes en la Corte londinense y en el cuartel general del Almirante Vernon. El plan general británico, así como el proyecto táctico de la toma de Cartagena de Indias, fueron conocidos de antemano por la Corte española y por los mandos virreinales, con tiempo suficiente para reaccionar y adelantarse a los británicos.

Comienza la Guerra de la Oreja de Jenkins y la gran victoria de Blas de Lezo

Primer ataque a La Guaira (22 de octubre de 1739)

Tras arribar Vernon a la isla de Antigua a principios de octubre de 1739, envió tres navíos bajo el mando del capitán Thomas Waterhouse a interceptar las naves mercantes españolas que hacían la ruta entre La Guaira y Portobelo. Tras divisar Waterhouse varios buques de pequeño porte en el puerto de La Guaira, decidió atacar poniendo en práctica un plan muy rudimentario. Este consistía simplemente en arriar la bandera británica de sus barcos e izar la bandera española, para entrar tranquilamente en el puerto y una vez en él, tomar las naves y asaltar el fuerte. El gobernador de la zona, el brigadier don Gabriel José de Zuloaga, había preparado las defensas del puerto de forma muy diligente, y las tropas españolas estaban bien mandadas por el capitán don Francisco Saucedo.

Waterhouse toma el puerto de La Guaira

Así, el 22 de octubre, Waterhouse entró en el puerto de La Guaira enarbolando sus navíos la bandera española. Los artilleros del puerto esperaron a que la flota británica estuviera a tiro, y llegado el momento, abrieron fuego simultáneamente sobre los británicos. Tras tres horas de intenso cañoneo, Waterhouse ordenó la retirada de sus maltrechos barcos, que tuvieron que recalar en Jamaica para llevar a cabo reparaciones de urgencia. Como justificación de su derrota, Waterhouse alegó ante Vernon que la captura de unas pequeñas embarcaciones no hubiera justificado la pérdida de sus hombres.

Destrucción de Portobelo (20-21 de noviembre de 1739)

La segunda acción fue protagonizada por el almirante Edward Vernon, quien al mando de seis naves capturó y destruyó Puerto Bello (actual Portobelo, en Panamá), un centro de exportación de plata en el Virreinato de Nueva Granada en noviembre de 1739. En esta ocasión, el descuidado gobernador de la plaza, Francisco Javier de la Vega Retez, no había actuado conforme a la situación de guerra inminente, siendo la defensa muy deficiente.

Primer ataque a Cartagena de Indias (13-20 de marzo de 1740)

Vernon ordenó a sus tres bombardas abrir fuego sobre la ciudad, con la intención de provocar una respuesta que le permitiera hacerse una idea de la capacidad defensiva de los españoles. Pero Blas de Lezo conocía las motivaciones de Vernon, y dicha respuesta no llegó a producirse. El veterano marino español simplemente ordenó desmontar algunas baterías de sus barcos para formar baterías en tierra con las que cubrirlos. Los británicos llevaron a cabo un intento de desembarco de unos 400 soldados que fue rechazado sin problemas por la guarnición española.

Tres días de bombardeo

Tras tres días de bombardeo británico, en los que 350 bombas destruyeron parcialmente la catedral, el colegio de los jesuitas y varios edificios civiles, Vernon asumió la situación de punto muerto en la que se encontraba y ordenó la retirada el día 21, dejando a los navíos Windsor Castle y Greenwich en las proximidades con la misión de interceptar cualquier nave española que se aproximase. En opinión de Vernon, la misión había sido un éxito.

Destrucción de la fortaleza de San Lorenzo el Real del Chagres (22-24 de marzo de 1740)

Tras la destrucción de Portobelo en noviembre del año anterior, Vernon se dispuso a eliminar el último bastión español en la zona, atacando la fortaleza de San Lorenzo el Real del Chagres, situada a orillas del río Chagres y en las proximidades de Portobelo. Esta fortaleza era base de barcos guardacostas españoles, y estaba defendida por tan sólo cuatro cañones y una treintena de soldados al mando del capitán de infantería don Juan Carlos Gutiérrez Cevallos.

Segundo ataque a Cartagena de Indias (3 de mayo de 1740)

Tras el ataque a las defensas de Cartagena por parte de las fuerzas británicas en el mes de marzo, Vernon decide regresar al mando de 13 buques de guerra y una bombarda con el objetivo de tomar la plaza. Para sorpresa del almirante inglés, esta vez Blas de Lezo decidió desplegar los 6 navíos de línea con los que contaba de tal modo que la flota británica quedó atrapada entre un campo de tiros cortos y tiros largos. Ante la posición enormemente desventajosa en la que se encontraban los británicos, Vernon ordenó la retirada, no sin antes haber arrojado unas 300 bombas sobre la ciudad.

Tercer ataque a Cartagena. Blas de Lezo humilla a la armada inglesa. (13 de marzo – 20 de mayo de 1741)

Los británicos reunieron entonces en Jamaica la mayor flota vista hasta entonces, compuesta por 186 naves (60 más que la famosa Gran Armada de Felipe II) a bordo de las cuales iban 2.620 piezas de artillería y más de 27.000 hombres, entre los que se incluían 10.000 soldados británicos encargados de iniciar el asalto, 12.600 marineros, 1.000 macheteros esclavos de Jamaica y 4.000 reclutas de Virginia dirigidos por Lawrence Washington, hermanastro del que sería padre de la independencia de Estados Unidos.

Blas de Lezo solo ante el peligro

La difícil tarea de defender la plaza corrió a cargo del veterano marino Blas de Lezo, curtido en numerosas batallas navales de la Guerra de Sucesión Española en Europa y varios enfrentamientos con los piratas en el Mar Caribe y Argelia. Apenas contaba con la ayuda de Melchor de Navarrete y Carlos Desnaux, una flotilla de seis naves (la nao capitana Galicia más los buques San Felipe, San Carlos, África, Dragón y Conquistador) y una fuerza de 3.000 hombres entre soldados y milicia urbana a la que se unieron 600 arqueros indios del interior.

Vernon seguro de su victoria sobre Blas de Lezo

Los ingleses, seguros de su victoria ante su superioridad numérica, no tuvieron en cuenta el brillante historial de este marino guipuzcoano e incluso antes de la batalla acuñaron una medalla conmemorativa de la toma de Cartagena de Indias.

América en peligro

Ese puerto iba a ser la puerta de entrada que conduciría a la Corona británica al dominio de toda América y la expulsión absoluta de los españoles. Sin embargo, el ataque, llevado a cabo en 1741, se topó con una defensa valiente, inteligente y eficaz que humilló a Inglaterra y prolongó un siglo la potencia naval y territorial de España en el Atlántico.
El 9 de mayo, con la infantería prácticamente destruida por el hambre, las enfermedades y los combates, Vernon se vio obligado a levantar el asedio y volver a Jamaica. Quince mil británicos murieron frente a menos de mil muertos españoles, dejando algunos barcos ingleses tan vacíos que fue preciso hundirlos por falta de marinería. La mayor operación de la Royal Navy hasta el momento se saldaba también como la mayor derrota de su historia.

Ataque a Cuba

El 1 de julio de 1741, la flota de Vernon dejó Jamaica y se dirigió contra Santiago de Cuba, pero la presencia de una gran guarnición en la ciudad impidió tomarla mediante un ataque directo. En su lugar, las naves se dirigieron hacia el este y el día 18 desembarcaron en la Bahía de Guantánamo con 3.400 soldados dirigidos por el general George Wentworth. Entre ellos se encontraban los supervivientes del regimiento virginiano de Washington. El 23 de julio, Wentworth ya daba por fracasada la iniciativa, hecho que le valió una reprimenda por parte de Vernon.
 

Cuba salvada

Cuba no volvería a tener un papel relevante en la guerra hasta 1748, año en que el contralmirante británico Charles Knowles dejó Jamaica con la intención de interceptar la Flota de Indias en su viaje desde Veracruz a La Habana. Tras rondar durante varios meses las costas de la isla, la escuadra de Knowles se enfrentó finalmente con la flota de La Habana mandada por el general Andrés Reggio el 1 de octubre en el canal de las Bahamas. Este enfrentamiento terminó sin un claro vencedor.

La «Epopeya del Glorioso»

El caso más conocido es el de la carrera del Glorioso, una serie de batallas navales en las que un único navío de línea de la Armada Española, el Glorioso, de 70 cañones, y que transporta 4 millones de pesos de plata, hizo frente sucesivamente a cuatro escuadras inglesas y consigue desembarcar su cargamento en España antes de ser finalmente capturado, tras lanzar toda su munición.

Consecuencia de la guerra

La Guerra de Nueva Granada o del Asiento, supuso la mayor derrota sufrida por la Royal Navy. El fracaso ante Cartagena y Blas de Lezo, resultó tan humillante que el rey Jorge II prohibió escribir sobre él. La consecuencia fue que el imperio español se mantuvo en pie casi un siglo más, sin que los ingleses volvieran a amenazarlo seriamente.

América salvada por Blas de Lezo

Si Vernon hubiese tenido un éxito rotundo en su campaña, los británicos podrían haber exigido la paz antes del estallido de la contienda austríaca y probablemente habrían reclamado la entrega de Florida, Cuba e incluso porciones de la costa de Nueva Granada. Esto habría convertido el Caribe español en un mar británico (como se pretendía) y a la larga, podría haber precipitado el expansionismo británico sobre México, al igual que la ocupación de Terranova durante la Guerra de Sucesión Española acabó conduciendo a la desaparición del Imperio colonial francés en Norteamérica medio siglo después.

 

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