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Roberto Centeno y el despilfarro de Sánchez

El despilfarro de Pedro Sánchez: 100.000 millones de euros a la basura al año

36 años de franquismo y el despilfarro de Sánchez

En 1975, a la muerte del general Franco, España había pasado de ser un país subdesarrollado y devastado después de una Guerra Civil, a ser la octava potencia económica mundial. Hoy, 69 años después, hemos pasado al lugar 16 de una poderosa industria que representaba el 36% del PIB hemos pasado a ser un país de enchufados públicos y de camareros, donde la industria se ha hundido al 14% del PIB, y en cuanto a la renta per cápita hay una cifra asombrosa que aclara mejor que cualquier palabra lo que ha supuesto el desastre de la Transición: en 1975 Irlanda y España tenían la misma renta per cápita, 12.000 $, a día de hoy el PIB per cápita de Irlanda es tres veces mayor que el de España.

Cuando España se fue al retrete

Y la pregunta entonces, parafraseando a Mario Vargas Llosa, es «¿Cuándo se jodió España?». El origen de todos nuestros males es claro e inequívoco: la irresponsabilidad y la falta de sentido del Estado de los llamados «padres de la Transición», y más concretamente de Adolfo Suárez, un cortoplacista político, un «tahúr del Mississippi» en feliz definición de Alfonso Guerra, cuyo momento álgido fue la noche triste del «café para todos», donde decidió imponer un modelo de Estado único en el mundo, económicamente inviable e intrínsecamente corrupto, en la que este paleto de Ávila se inventaría diecisiete reinos de taifas que denominó «autonomías», contrarias en su mayoría a la realidad geográfica y política de España, y una partitocracia sin separación de poderes que impide la democracia. 

Llega la Constitución de 1978

El resultado quedó plasmado en la Constitución más disparatada del mundo civilizado, la única donde son legales los partidos cuyo objetivo es la destrucción de la unidad nacional, y como colofón de locura se impone un sistema electoral donde los votos de los enemigos de España valen hasta cinco veces más que los del resto de los españoles. Es la única Constitución del mundo donde no existe relación alguna entre los diputados electos y sus votantes, estos dependen exclusivamente del partido que los nombra, y cuando el partido lo exija votarán sin pestañear en contra de los intereses de sus votantes y de España. La Constitución ha destruido la unidad administrativa, la unidad de mercado, todas las referencias éticas y morales, así como el sentimiento patriótico.

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Se puede ser patriota catalán, o patriota vasco, pero no patriota español, eso es puro fascismo. Mi amigo Camilo José Cela, senador en aquel entonces, cuando leyó la Constitución, la tiró al suelo y exclamó “si los que han redactado esta canallada tuvieran vergüenza y honor, se habrían pegado un tiro”.

El saqueo de los políticos 

Sin embargo, ninguno de estos miserables se pegó un tiro, su objetivo fue el robo y el enriquecimiento ilícito. Las autonomías sirvieron para que la casta política se repartiera España como si fuera un solar, colocaron a dedo a decenas de miles de parientes, amigos y correligionarios, con sueldos brutales de 40 y 50.000 euros. Los concejales de los grandes ayuntamientos se pusieron todos coches oficiales, despachos de lujo, tarjetas oro, algo que no ocurre en ningún país de Occidente. España, por ejemplo, tiene hoy más coches oficiales que los EEUU. Carlos Solchaga, ministro de Hacienda con González, sería el gran apóstol del pelotazo: “quien no se hace rico en España hoy es porque es tonto”. No es de extrañar que de un crecimiento anual del 7,5 % antes de la muerte de Franco, pasáramos al 1% anual en los 40 años siguientes.

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700.000 funcionarios contra 3.600.000  

En 1975, a la muerte de Franco, España contaba con 700.000 funcionarios y no solo funcionaba, era una de las mejores administraciones públicas de Europa, con tres administraciones: local, provincial y central, cada una con competencias exclusivas en determinadas materias. A día de hoy, hay 3,6 millones de empleados públicos, de los cuales 2,2 millones, según cifras dadas por mi antiguo alumno Cristóbal Montoro, han entrado o bien a dedo o bien con oposiciones a medida, y es una de las peores administraciones públicas del mundo desarrollado, algo nada extraño si tenemos en cuenta que el 61 % ha entrado a dedo, lo que significa que no tienen preparación alguna para desempeñar el cargo que ocupan, algo inconcebible en el resto del mundo.

La cara del despilfarro de Sánchez

Aunque muchos ciudadanos prefieran las mentiras y las falsas ilusiones a la realidad, España bajo el despilfarro de Sánchez se desliza hoy hacia un desastre económico, político y social sin precedentes. Según la OCDE, Sánchez y su banda de terroristas, ladrones y criminales golpistas, han realizado la política económica más desastrosa de Occidente. Mayor empobrecimiento de las familias, mayor tasa de desempleo, mayor endeudamiento, mayor esfuerzo fiscal, desigualdad personal y territorial, todo ello se ha traducido en que 6 países europeos nos hayan adelantado en PIB per cápita, y en su análisis más reciente la OCDE afirma que la disparatada política de Sánchez hará que otros 11 países nos adelanten en PIB per cápita, desde Portugal hasta Grecia, pasando por Rumanía y Hungría. Algo que resulta claramente un crimen de lesa Patria, que en un Estado de Derecho se castiga con cadena perpetua.

El despilfarro de Sánchez que nadie quiere ver

Sánchez ha superado todos los récords imaginables. El empleo público, enchufados en un 90%, se dispararon con Sánchez. En concreto, han crecido desde su llegada al poder a mediados de 2018, en 417.000 personas, lo que significa una tasa de crecimiento cinco veces superior a la del resto de la zona euro. En cuanto a la deuda pública, que era de 1,17 billones en 2018, ha pasado a ser de 1,58 billones, un incremento de 409.000 millones, el aumento más alto de Occidente. Pero, haciendo un cómputo global, la semana pasada y por primera vez, el Ministerio de Hacienda publicó un listado del despilfarro que supone anualmente este Gobierno criminal. La conclusión es simplemente alucinante y explica con cifras la ruina de España, a quien denomina «el país de las subvenciones». 

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España un país arruinado 

Bajo el gobierno de Sánchez se despilfarra 100.000 millones de euros anuales de dinero público, repartidos entre 26.881 «organismos», desde entes públicos, partidos políticos, sindicatos, asociaciones y chiringuitos de todo tipo. No hace falta ser economista para darse cuenta de que un país que despilfarra anualmente casi el 10% de su PIB, financiado con el mayor esfuerzo fiscal de Occidente, donde la clase media y trabajadora ya paga más del 50% de su sueldo a Hacienda tras las 69 subidas o creación de nuevos impuestos de Sánchez frente a solo 3 de media en la UE, va camino de su ruina.

Y como ejemplo final del despilfarro de Sánchez y desprecio absoluto por el pueblo español, el canalla y traidor Sánchez ha utilizado esta Semana Santa para irse 5 días de vacaciones con su familia, tres aviones, cuatro helicópteros y más de 50 personas de servicio. En cualquier país de Occidente le hubieran echado a patadas.

 

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