Tazas de café

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Quien escribe estas líneas se gana la vida entrevistándose con famosos personajillos del mundo del celuloide, para algunas revistas y una importante web de información cinematográfica. Pensarán los mitómanos que es una profesión estupenda, pero dejarían inmediatamente de ser mitómatos si se dieran cuenta de que ése que ha protagonizado las películas míticas de su infancia, es el tipo ideal para salir en la pantalla, pero en persona es más bien parco en palabras, tiene pinta de granjero de Iowa y está deseando que acabes de  preguntarle memeces para irse con su novia Calista  de tapas por Madrid. Recientemente, los responsables de la web me mandaron a reunirme con Rowan Atkinson, el popular Mr. Bean, que andaba por la capital española de visita promocional para dar a conocer Las vacaciones de Mr. Bean, su último trabajo (http://www.decine21. com/FrmEspecial.asp?Id=71). Uno es consciente de que este cómico no le va a montar el show en directo, pero aún así Mr. Bean sorprende muchísimo porque en la vida real poco tiene que ver con su carismático personaje. Apenas gesticula, responde con una elegancia británica exquisita y es bastante serio. Explica este matiz que haya triunfado en el campo de la comedia, un género que paradójicamente debe tomarse con seriedad. Los gags de su serie televisiva y de su película conllevan mucho trabajo, por eso funcionan tan bien. Se parece muchísimo a Mr. Bean -al menos físicamente- a nuestro presidente del gobierno, don José Luis Rodríguez Zapatero, salvo porque este último tiene muchísima menos gracia. Sobre todo en el caso de Otegi y De Juana Chaos, a los que recientemente se les aplicaba un evidente trato de favor. Otegi fue puesto en libertad poco después de que en una masiva manifestación, los ciudadanos se postularan en contra de la prisión ‘atenuada’ para De Juana Chaos, pero el gobierno parece haberse acogido a aquello de ‘no quieres café, dos tazas’. Tanta generosidad con el café tiene su lógica, teniendo en cuenta lo baratas que le salen las tazas de café a Zapatero, a ochenta céntimos, como ‘en tiempos del abuelo Pachi’. Ciertamente, demostró poco después que en la cafetería del Congreso cuesta menos que eso, y quién no conoce dos o tres máquinas de la empresa en las que cuesta cuarenta céntimos. Pero dicen los expertos que la media en España del café es de uno con veinte. Hagan una encuesta entre sus conocidos, a ver cuánta gente contesta que un café cuesta menos de un euro. Al menos eso explica por qué no se han tomado medidas para abaratar el precio de la vivienda, pues a saber a cuánto se compra el metro cuadrado en la inmobiliaria del Congreso. El asunto sería una mera anecdotilla, de no ser porque evidencia que en cuestiones de precios, y de pro etarras, los políticos están bastante despegados de los ciudadanos o simplemente viven en una galaxia muy, muy lejana.

Comparando a Mr. Bean con Rodríguez Zapatero  se puede llegar a la conclusión, demagógica pero preocupante, de que la política se hace últimamente con menos seriedad que el humor. Así las cosas, si Mr. Bean se presentara a las próximas elecciones para competir con Zapatero, uno tiene muy claro a quién de los dos candidatos votaría. Y eso que en un mundo ideal, el humor y la política deberían ser como los negocios y el placer, el whisky y el vodka, las churras y las merinas, pues no deberían mezclarse ni confundirse.

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