Problemas de convivencia y choque de culturas traen de cabeza a los vecinos de la parcela Timanfaya

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Un caos de conflictos en medio del distrito. Esta es la metáfora que puede explicar las condiciones en las que se encuentra la parcela del IVIMA situada entre las calles Timanfaya y Fuente Carrantona. Escaleras con barandillas por el suelo y con huecos entre éstas y la pared, por donde se cuela el agua de lluvia; tejados sin terminar y sin atornillar por donde también se filtra agua; tendederos en el patio e, incluso, dentro de los portales; carreras de motos y quads; contadores del agua que se congelan en invierno al estar sin tapar y dejan a los vecinos sin agua caliente; pintadas; fluorescentes rotos; puertas abiertas de par en par… Estos son algunos de los problemas que sufren los inquilinos de las 120 viviendas de estos ocho portales. “Por un lado está la convivencia con algunos vecinos de raza gitana que no respetan determinadas normas de conducta: tienden en la calle, se orinan en las escaleras, dejan juguetes, equipos de música o basura en los descansillos y escaleras…”, comenta el administrador de la finca. “Hemos tenido que redactar una carta con normas de conducta a seguir. En ella ponemos que las escaleras y descansillos no deben ser utilizados como lugares de almacenamiento de enseres, ya que en caso de emergencia las escaleras deben estar libres para la evacuación del edificio. Además, tampoco son sitios para consumir bebidas o comidas ni para fumar”.

Por otro lado están las ínfimas condiciones en las que el IVIMA entregó los pisos. “Cuando llueve se filtra el agua a las casas y descansillos porque no pusieron tela asfáltica entre el techo y el tejado, y el techo además de no llegar al final está sin atornillar, vencido y lleno de remiendos; en el año 2001 se cayó. Además, los contadores del agua no tienen puerta que les aísle del frío sino una reja, por lo que se congelan en invierno y nos quedamos sin agua caliente. Las escaleras no están bien selladas a la pared y están hechas en cemento. Nosotros hemos tenido que poner dinero de nuestro bolsillo para arreglarlo un poco y se nota claramente la diferencia”, señala el administrador. “Los garajes nos dijeron que nos los darían a principios de este año. Estuvieron acondicionándolos y limpiándolos para entregárnoslos pero estamos casi a finales de año y siguen cerrados”. Los vecinos han pedido una reunión cuanto antes con el gerente del IVIMA y están esperando la respuesta mientras aseguran que “residir aquí es como vivir en otro mundo”.

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