En la muerte de Paco Umbral

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La importancia de un columnista debe medirse por la cantidad de protagonistas de sus columnas que acuden a su entierro. Al entierro de Umbral acudieron los políticos orgullosos de que su nombre hubiera dado título una o varias veces a la contraportada de EL MUNDO. Un escritor de periódicos no puede pedir más. Dicen que Umbral estaba por encima de todo y es mentira; seguramente fue un tipo tierno y cortés, naturalmente; lo que pasa es que sintió la vocación del escritor dandi y la secundó con fidelidad total y anacrónica, como hicieran D´Ors o Cela antes que él. Esa era su tradición, y es una tradición que hoy parece extinguida. Ninguno o pocos escriben hoy columnas memorables, verdadera literatura de periódico. Este es el magisterio que hay que heredar, el de ser irrepetible, soberbio, y escribir con gracia y ritmo de palabras.   

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