El doctor Manuel de la Peña afirma que pronto viviremos 120 años

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La medicina personalizada es la clave para diseñar terapias basadas en el genoma de cada paciente

Por Manuel de la Peña

En 1.900 vivíamos 35 años. Hoy la esperanza de vida es de 80-85 años (las mujeres viven más, ya que los estrógenos las protegen hasta la menopausia).

En España hay 57 centenarios. Recientemente se murió una señora con 116 años y un señor en León con 113 años.

En los últimos diez años aumentó la esperanza de vida cinco años y el crecimiento de la esperanza de vida va a ser exponencial. Muy pronto alcanzaremos los 120-150 años. Las tortugas viven 180 años.

Hay especies marinas, como algún tipo de medusa, que tienen la característica de la inmortalidad biológica y, aunque hoy en día la especie humana está lejos, hay grandes inversiones en longevidad que están realizando los megamillonarios como Jeff Bezos, que se retiró de Amazon para comprar una biotecnológica médica que estudia el retraso del envejececimiento.

También Elon Musk y la compañía Calico de Google invierten en longevidad extrema, su objetivo es retrasar el envejecimiento e incluso en revertirlo.

La longevidad tiene dos determinantes: los genes (tenemos 20.000 genes) y los hábitos de vida. Si conocemos nuestro genoma humano sabremos la predisposición genética que hemos heredado para sufrir determinadas enfermedades. Hay genes de la longevidad, hay personas que tienen el gen de Matusalén.

Pero en la expresión de los genes influye el epigenoma, es decir, nuestra capacidad de influir en los factores desencadenantes como son los hábitos tóxicos.

Por eso, una alimentación sana, evitar el estrés crónico, evitar sustancias tóxicas, evitar conflictos emocionales, realizar ejercicio físico (la inactividad física es la cuarta causa de muerte) y la exposición a un medio ambiente adverso, son factores que influyen de manera decisiva en nuestra longevidad y en nuestra calidad de vida. Por este motivo está en auge el concepto de Slow Cities “ciudades lentas”, alejadas del estrés y del mundanal ruido.

Se están haciendo múltiples estudios sobre los telómeros y la telomerasa. Los telómeros son los que determinan la longevidad. Cuanto más alargamiento de telómeros, más viviremos.

Para hacernos una idea los cromosomas son como los cordones de los zapatos y los telómeros son como los plastiquitos que se ven en los extremos de los cordones de los zapatos. Cuanto más largos mejor, con el uso se desgastan y se acortan. Y la telomerasa es la enzima que influye en el alargamiento.

La primera causa de muerte sigue siendo el infarto y el ictus. Cada cinco segundos se muere de infarto una persona en el mundo y todo ello por una falta de control adecuado de la hipertensión arterial, del colesterol elevado, una falta de control de la diabetes, un estrés crónico al que estamos sometidos y el hábito de fumar, entre otros.

A pesar de todo, y gracias a la revolución tecnológica del corazón, las personas con infarto que llegan al hospital a tiempo sobreviven la mayoría gracias a la implantación de stents, que son mallas metálicas que permiten abrir la arteria obstruida para que vuelva a pasar el flujo sanguíneo, lo que llamamos revascularización.

Esta revolución tecnológica ha llegado al cerebro, donde también en pacientes con ictus se implantan stents, al igual que en las carótidas cuando hay una obstrucción del 70%.

Esto es un cambio de paradigma que está permitiendo vivir más y mejor.

La disrupción tecnológica que estamos viviendo es exponencial, donde se están implantando marcapasos cerebrales que son similares a los marcapasos de corazón, que llevamos años implantándolos cuando hay pausas en el corazón.

Me refiero a Neuroestimuladores cerebrales que permiten el abordaje tecnológico de muchas patologías como la depresión profunda, el párkinson y la apnea de sueño.

En neurotecnología, hay compañas líderes que están realizando grandes inversiones en I+D+I y muy pronto veremos cómo se implantan interfaces cerebrales hombre-máquina, que implicarán un cambio de paradigma en la evolución de la especie humana. El ejemplo está en la compañía Neuralink de Elon Musk y en China de NeuraMatrix.

La pandemia del Covid sólo ha traído una cosa buena y es el gran salto tecnológico que se ha producido. En estos dos años hemos avanzado veinte años gracias a las plataformas tecnológicas de los más de trescientos prototipos de vacunas que hay en el mundo. Y bajo mi punto de vista, la gran amenaza de la longevidad seguirán siendo los nuevos virus y bacterias resistentes a antibióticos.

Esta pandemia también le ha dado un gran impulso a la medicina regenerativa, es decir, a los tratamientos con células madre, cuyas aplicaciones terapéuticas se están ampliando día a día. De hecho, la UE ha apostado por estos estudios y ha invertido veinticinco millones en estudios con células madre para las secuelas del Covid.

Otro gran avance gracias a la pandemia ha sido el descubrimiento de sueros hiperinmunes con pacientes que han pasado el virus y donde se utilizan para crear anticuerpos.

La sangre es clave en la longevidad y, de hecho, hay estudios donde se reemplaza a las ratas viejas su plasma sanguíneo por el de ratas jóvenes, y se observó cómo corren más rápido a buscar el queso.

Lo que está cada día más en auge son los procedimientos de aféresis terapéutica, donde podemos depurar la sangre y tratar numerosas patologías. España es líder en estos tratamientos.

La medicina personalizada es la clave para diseñar terapias basadas en el genoma de cada paciente.

Platón decía que el tiempo es una imagen móvil de la eternidad.

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