Carta a la madre

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Voy a escribir el artículo más triste esta noche. Los artículos de opinión de los periódicos como éste suelen comentar asuntos relacionados con temas importantes, como la educación, la salud, la economía, y las decisiones, muchas veces erróneas, que al respecto suelen tomar determinados políticos, en ocasiones más preocupados por mantenerse en el poder contra viento y etarras. Quisiera por una vez dedicar estas líneas a un sector de la sociedad que tiene que bregar con estos asuntos, a veces a pesar de la falta de apoyo de esos políticos. Se trata de un grupo social bastante amplio, el que forman las madres.

Educación ante todo: Buenos días tenga usted, querido lector. No es el único lector de esta columna, en realidad tengo dos. Antes tenía tres, pero ahora sólo le tengo a usted y a un talentoso tipejo que selecciona los artículos que publica EL DISTRITO. Como estamos en familia, él, usted, y yo, aprovecho para saludar a Jorge Bustos. Pues bien, uno está orgulloso de haberse ganado a los dos lectores golpe a golpe, verso a verso, o en realidad más bien chorrada a chorrada, pero ha llegado el momento de renunciar a ellos, a los dos me temo, pues aunque hasta ahora nunca había imaginado que ocurriría una cosa así, ha llegado la hora nefasta en la que yo voy a escribir el artículo más triste esta noche. Al menos el más triste que yo soy capaz de escribir.

La razón de este cambio tan radical de tono es aprovechar la ocasión, no para aquello tan tópico de saludar a mi madre, sino para rendir un homenaje a las madres. Una madre es capaz de darlo todo, incluso a sus lectores, por un hijo, por lo que es un sacrificio muy pequeño, con perdón, perderle a usted, y el hecho de que Jorge Bustos a partir de ahora publicará el artículo sin leerlo o sugerirá que me cambien por Umbral. Pero no hay mal que por bien no venga, ya que justo en el momento en que decida dejar de leer estas líneas, puede aprovechar para llamar a su madre, y preguntarla qué tal está. Dentro de algún tiempo, ojalá que sean muchos años, cuando ya no pueda hacerlo, se acordará, no de este humilde juntapalabras, pero sí muchísimo de ella, y lamentará no haber tenido más ocasiones de abandonar lecturas instrascendentes y llamarla a ella.

Durante una entrevista con una destacada actriz, que había bordado el papel de madre en un homenaje a la maternidad que dirigía Benito Zambrano, tuve la ocasión de charlar con ella acerca de la maternidad. Aunque en la película interpretaba a una mujer sin estudios, resultó ser una mujer muy versada, profesora de instituto con unas opiniones bastante razonables. Una de sus respuestas me dejó impresionado. Me dijo que una buena madre era "aquella cuyos hijos creen que su parte favorita del pollo es el cuello".

Por cierto, la película no dejó indiferente ni al sector del público más duro, los críticos de cine, poco dados a dejar traslucir sus sentimientos, durante una proyección. Cuando se encendieron las luces tras el pase para medios de comunicación, todo el mundo pensaba en su madre, las mujeres no ocultaban que estaban llorando. Los hombres nos hacíamos los fuertes pero no engañábamos a nadie. Es el único caso similar que recuerdo. Normalmente, a la salida de los pases de prensa, los críticos sólo hacen comentarios sarcásticos.

Aprovecho para desearle unas felices vacaciones a mis dos lectores. El tercer lector que tenía, mi madre, ya no me puede leer, pero aprovecho para mandarla un beso, allí donde yo sé que ella está.

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