Un antiguo vecino desespera a la comunidad tras 15 años malviviendo como un ‘okupa’

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Gregorio Hurtado se instaló hace más de 15 años en el trastero después de que le fuera expropiada su antigua casa, el cuarto piso de este edificio. Pero Gregorio afirma que el motivo de su traslado fue un trágico accidente familiar que le obligó a abandonar la vivienda y adoptar  un estilo de vida diferente, con el que sólo necesita las cosas básicas para subsistir.

Vecinos desesperados
En cambio, los vecinos tienen una opinión muy distinta: aseguran que es un hombre problemático e incluso violento que ha creado tensión en la escalera y ha obligado a abandonar la finca a dos propietarios de su antigua casa, que él sigue considerando de su propiedad. También le acusan de acumular basura en su habitáculo de 20 metros cuadrados, arrojar excrementos por un ventanuco picado por él mismo ilegalmente en el tejado, depositar basura en las puertas de los demás vecinos, romper puertas y ventanas de la comunidad, picar el suelo hasta abrir un boquete en el techo del vecino de abajo y atemorizar al resto de propietarios, entre otras muchas cosas. La situación ha llegado a tal punto que los vecinos están desesperados, ya no saben qué hacer, pues ya han denunciado el caso numerosas veces a la Junta Municipal, a los servicios sociales, a la Policía Local y hasta en los Juzgados de Plaza Castilla, sin recibir respuesta alguna. Se sienten inseguros al saber que guarda bombonas de butano y que cualquier día podría suceder alguna desgracia.

Una vida ‘diferente’
Frente a todas estas acusaciones, Gregorio afirma que el problema es que los vecinos no comprenden que pueda llevar una vida diferente a los cánones actuales, ya que carece de agua corriente, electricidad o retrete. Él lo denomina un estilo de vida “muy europeo”, y lo único que le preocupa es avanzar en su profesión como pintor. Asegura que utiliza su habitáculo como estudio para pintar, por lo que no tiene luz ni gas ni ninguna otra cosa que pueda perjudicar a los vecinos. Sostiene que cuenta con el apoyo incondicional de los vecinos que le conocen de toda la vida. Gregorio está tranquilo porque no se considera un ‘okupa’, ya que el trastero es de su propiedad, y ante la amenaza de los vecinos de llevar a cabo un pleito civil alega que no le podrán echar porque no ha cometido ninguna irregularidad.

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