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05/03/2018 - José Mª Aguilar Ortiz Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El diagnóstico
No resulta ajeno a la aspereza y la cicatería del tiempo que vivimos, el afán contrario que nos hace recordar y aplaudir enérgicamente las muchas cosas buenas que tiene y produce nuestra patria, entre las que descuella muy acusadamente la sanidad española, sin duda una de las mejores del mundo.

Su mera existencia revela la falsedad de tantos tópicos antiespañoles: falta de organización, incapacidad para la gestión económica, atraso intelectual y científico, insolidaridad, y qué sé yo cuántas calumnias más vertidas sobre el talento y la capacidad de los españoles, siempre atenazados por la injusta férula de la más pertinaz leyenda negra, repugnante ideología de la que, a menudo, nosotros mismos somos artífices o cómplices.

El sistema sanitario español, que engloba un sector público de acceso cuasiuniversal y un pujante sector privado en creciente expansión, por su calidad, no tiene apenas rival en el mundo civilizado.

Por un  lado, el nivel científico y tecnológico, así como el grado de entrega alcanzado por los profesionales de la Medicina española, son comparables a los de cualquier país considerado como ejemplo de desarrollo.

Es obligado referirse aquí, muy en particular, al excelente sistema de formación de médicos especialistas y demás facultativos de la sanidad nacional, que constituye un espejo en el que otras profesiones se contemplan con admiración.

Por otra parte, la calidad de las infraestructuras y la solvencia contrastada de quienes se dedican a la gestión, corre pareja con la de  las naciones punteras.

Sin embargo, es en la práctica cotidiana, en el ejercicio corriente de la profesión, donde la sanidad española muestra su superioridad. Y ello no por casualidad. A un sistema de salud público de vocación colectiva e ilimitada, que no deja fuera prácticamente a nadie, se suma un amplio sistema privado, asequible económicamente, que complementa y descongestiona al anterior. Juntos proporcionan una sanidad accesible y de elevada eficiencia. Allí donde no llega lo público llega privado, o viceversa.

Es oportuno recordar aquí que la sanidad es una de las esferas de la actividad laboral que más estimula la economía en las sociedades avanzadas, puesto que se comporta de hecho como una actividad de consumo. La confiada y masiva afluencia de los ciudadanos, uno de cuyos primeros valores es la salud y la prevención de la enfermedad, a la sanidad española, que ha sabido responder a la demanda, así lo determina.

Debemos recordar que solo una estrecha colaboración entre la sanidad pública y la sanidad privada permitirá mantener en el futuro la calidad de la atención sanitaria actual.









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